Por eso, nosotras, las hermanas clarisas, celebramos este momento final de la vida de Clara; nos unimos a su canto de acción de gracias y a su alabanza porque, como continuadoras y herederas suyas en la actualidad, nuestra vida también sea, como la suya, una entrega a Dios y a los demás con alegría.

La vigilia de la fiesta de santa Clara, o bien en el mismo día, celebramos lo que nosotras llamamos “Tránsito”, es decir, el momento en que Clara de Asís deja su vida terrena y es llamada por el Señor a vivir con Él para siempre.

 

Después de toda una vida entregada a Dios, a las hermanas, a los hermanos, a toda persona; después de una vida de búsqueda constante, a lo largo de la cual Clara ha sabido responder a la llamada que un día Dios le dirigió a seguir a Jesucristo Pobre; después de vivir con fidelidad y firmeza el evangelio, en oración, fraternidad y pobreza, Clara deja esta vida con el gozo de haber vivido realmente entregada, y abraza la muerte, que se la acerca, con estas palabras: “Gracias, señor, porque me has creado”.

UNA VIDA ENTREGADA